jueves, 12 de junio de 2008

Deuda Eterna



11:55 – Mar del plata.

Samanta se sienta en la playa y observa el océano, el mismo que había arrasado con toda su familia, sus abuelos, sus padres, sus hermanos, su esposo, todos menos su hija. Por ella era todo, por ella daría todo y por ella iba a dar todo.

11:57

El mar se volvió sangre, y se escucharon los alaridos del mismo infierno salir de allí. No pudó evitar pensar en Melanie, en esa cama de hospital agonizando, con solo unas cuantas horas de vida por delante.

11:59

A las 12:00 terminaba todo, o empezaba todo. El cielo era de las tinieblas mas negras, y los truenos más ruidosos que se puedan imaginar se disparaban hacia el suelo como si quisieran destruir el mundo. Pero en la calle la gente no se daba cuenta. Ni se enteraba. Solo Samanta lo veía, porque solo Samanta tenía una deuda por saldar.
12:00

Samanta se levantó, y caminó hacia el mar, manchando su vestido blanco de sangre. Vio un reloj, ¿en el cielo?, estaba dando campanadas.1...2...3... Y seguían tocando… Enormes y pesadas cadenas surgieron de la tierra, ¿o del cielo? De ambos. Las de las entrañas de la tierra sujetaron sus piernas. Las del cielo sus manos. Las de la tierra la tiraban para abajo, las del cielo para arriba, dejándola suspendida. Hacían demasiada presión, más de lo que una persona derrotada como ella estaba podía soportar. En un instante El Ángel de la Muerte, estaba en frente de ella.

Con sus grandes alas negras, su túnica negra y carmesí, como la noche y el fuego del averno. Portaba una guadaña y se encontraba sentado en una especie de trono imaginario.

-Si quieres hacer algo bien, hazlo tu mismo – estaba enojado, las cosas no iban de acuerdo al plan.
Se acercó a Samanta y levantó su cabeza bruscamente, ella trató de resistirse en un inútil intento de ocultar sus lágrimas.
-Si, si será agradable tener a una mujer como vos allá abajo- una malévola sonrisa y una carcajada estrepitosa acompañaron esta afirmación.
- ¿Que no te cansas de llevarte gente pura e inocente?- exclamó otra persona, detrás de ellos.
-Sólo cuando dejes de meterte en lo que no te importa – otra risa acompañó sus palabras, él y el ángel que tenía enfrente se quedaron mirándose desafiantemente.
Este era el Ángel de la Vida, todo lo contrario al anterior. Sus hermosas alas blancas lo mantenían en el aire y tanto su túnica blanca con lazos de oro y su precioso largo y dorado cabello ondeaban al viento. En la espalda portaba un gran arco y flechas. Samanta se quedó sin aliento, y por un segundo pensó que le quedaba un ápice de esperanza.-Ella nos pertenece-dijo el demonio con impaciencia, deseaba que su enemigo se valla- cambio su vida por la de su hijita, ¡qué tierno!–

-El problema es que tengo que cumplir una promesa, le prometí a una pequeña niña que su madre no la abandonaría-el ángel no estaba enojado, es mas dijó todo esto con una gran sonrisa en su rostro.

-No me importa, me la llevo igual -

-No es la primera vez que te metes con lo del cielo- su expresión cordial no había cambiado, aunque el tono amable de su voz había dejado paso a uno cortante y frío.

-Y tampoco es la última – replicó el demonio con en tono burlón.

El ángel, aunque su cara no lo demostraba, estaba cansado. Tomó una flecha y la lanzó a las cadenas que sujetaban a Samanta, estas se rompieron en un segundo, gracias al gran poder del arma del cielo.Samanta cayó en las embravecidas aguas rojas, no sabía nadar, se estaba ahogando, pero el ángel utilizando algún tipo de magia la llevo a la orilla.

El demonio estaba enfurecido, se abalanzó sobre el pobre ángel, que estaba de espaldas, asegurándose que Samanta estuviera bien. Este resultó herido por el arma demoníaca, la herida era demasiado grande y profunda e hizo que cayera al piso, al lado de Samanta. La sangre del ángel se mezclo con la del mar, lentamente, el agua volvió a su textura y color original, sorprendiendo una vez más a Samanta y aumentando la furia del enviado del infierno.

El ángel sin perder su sonrisa, valga la redundancia, angelical, miró a Samanta que se encontraba a su lado, asustada y con lágrimas todavía en sus mejillas que se deslizaban suavemente por su cuello.

Le pidió que se acerque, lo cual obedeció. Tomó la húmeda cara de la chica y la acercó lentamente hasta su rostro, en un segundo acortó la distancia entre ambos y la besó, transmitiéndole así todo su poder.
Con sus últimas fuerzas, el ángel, tomo una vez más su arco y le disparó al demonio que estaba regodeándose justo encima de ellos, esta flecha fue mortal.

Los dos murieron. Samanta le debía la vida de su hija al Ángel de la Muerte y al Ángel de la Vida le debía seguir existiendo. Pero los dos habían muerto, alguien debía tomar su lugar.
Sino todo se vendría abajo, los que se suponen que deben morir vivirán y nadie nacerá, sería terrible. Y todo era su culpa, ella era la única responsable. Así que Samanta decidió cumplir con su promesa de entregar su alma y cuerpo. Entregaría su alma y cuerpo a la tarea de ser el Ángel de la Vida y de la Muerte. Los que nacen, los que mueren, el destino de todos, la decisión de quien vivía y quien moría estaba ahora en las manos de Samanta. Que hacía de intermediaria entre el cielo, la tierra y el infierno.

Y Melanie todas las noches mira por la ventana, segura de que su madre la observa, ya sea desde arriba… o desde abajo.

FIN

lunick


Lo prometido es deuda, para no arruinar la onda fantasiosa que tenía el blog, un pequeño relato que escribí hace un buen tiempo. Espero que les haya gustado. Besos!